lunes, 23 de marzo de 2009

Temblad

Por favor, ¿podría recoger eso que se me acaba de caer? Me tengo que agachar y estoy cansada, además creo que si llego a inclinar mi tronco más de lo necesario puede que me caiga y quede postrada en el mismo asfalto. Recúbrete la mano con un guante o con algo de papel. Es escurridizo, derrama sangre a borbotones y no quiero que te manches. Es asqueroso. No te enfades, perdóname, se ha desenganchado de las venas que lo unían a mi cámara, y se me escurrió del pecho: atravesó mi camisa y fue descendiendo por las montañas de mi cuerpo hasta aterrizar junto a los nueve dedos de mis pies. Uno se marchó, se fue de mí, no le caía bien. Y pobre mi motor, está en el suelo completamente abatido. ¡Corre! ¡Haz el favor de darte prisa! ¡Rápido!. Ponlo a cubierto, que está lloviendo. Y es una tormenta que viene con muchas lágrimas...

Tiemblo. Y tengo miedo. Un suspiro rompe con el silencio, y después de él necesito que tú, mi... No sé qué pretendo. Ni siquiera sé lo que deseo. Mentira. Mi... sólo quiero que te quedes conmigo, porque las lágrimas se me escapan, y no saben recoger lo que han abandonado, ni las risas saben reír solas, así que ven, vuelve y cántame una canción.

No hay comentarios: