
El viento rodeaba mi nuca, mi cuello, mis manos, y con su canto dulce hizo que todo lo que me esperaba ahí fuera se convirtiera en algo parecido a los sueños. Además, esa melodía, acariciaba mi pelo, jugaba con el reborde de las mangas de mi jersey, y me avivaba la existencia. La paz y la tranquilidad, en ese instante, se convirtieron en una parte más de mi persona, y sonreía, sonreía sin miedo a nada ni a nadie. Era Feliz. Se trataba de esa felicidad que lees en las novelas, que escuchas en las canciones, con la que sueñas. Lo juro. Era ella e íbamos de la mano, felizmente, inseparables. Lo peor de todo , pero que hemos de poner entre paréntesis, es la certeza de saber que llegará un momento en el que tú te irás por un camino, y Ella por otro bien distinto; -disfrutemos , disfrutemos nosotros que podemos- me decía constantemente.

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