lunes, 17 de agosto de 2009

Ruben

¿Por qué Ruben no parece entender lo que yo siento? Si es ahora cuando, a pesar de su negrura, lo veo más claro que nunca; si es una continuación de mi yo más profundo; si nada más mirarnos amanece un halo que nos separa de este infierno, de este aire, de estos pensamientos. Algo comienza a cambiar, y me veo abducido por un nuevo sentimiento, el de libertad, uno que me llena de seguridad, a un camino en donde mis propias alas son las que conducen mis pasos, y no las de esos que creen conocer mejor a ése que llevas dentro que tú mismo. Sin embargo, aun curado de esta pasión, de este empacho de emoción y sinceridad, necesito saber si he sido una piedra más en aquel sendero caminado por sus dedos, rodillas, estómago, costillas, barbilla, pómulos, palabras...

Ojalá su garganta hubiese quedado muda a la hora de hablar, o afónica de tanto exprimir palabras, o que no hubiera cantado aquello que tiempo después pisotearía en el último momento, justo en ese en el que cierra la puerta del coche con la derecha, y se marcha, y a mí no me queda otra que asentir cabizbajo. Y uno se queda esperando para que lo vea sereno, sin lágrimas en los ojos, con una sonrisa que llora por dentro, como si ese apodo que ya tanto significa, queda como palabra que se ha llevado el viento, y sin embargo ha dolido como una desventura a conciencia con tu mejor amigo. Sí, eso es, dar la impresión -no deja de ser más que eso, algo mágico que se envenena por la cobardía del enamorado- de que todo marcha bien, de que cada minuto esparcido en el tiempo ha sido absorbido por mis manos, y ha dejado de lado al corazón. Y Ruben no comprende el porqué de todo esto, de las ganas por sentirme propiedad de alguien, y que me abracen hasta llenarme de aire, para más tarde, con un beso, vaciar cada poro dañado por esos labios. Por más que intento hacerle entrar en razón nada le sirve: todas las palabras que he malgastado explicándole, suplicándole que no solo me escuchara, que por favor me entendiera, han quedado sin vida en este aire, y mi recorrido, en este viaje, queda aquí, porque ahora es cuando sé que él nunca ha sentido esas cenizas que quedan tras el fuego brillante y abrasador, simplemente porque esa llamarada nunca ha existido en su corazón, ni siquiera en sus silencios.

2 comentarios:

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juanjo Ruiz Navarro dijo...

hola hola! tb por aquí