lunes, 4 de enero de 2010

Hace mucho que no dibujas corazones

Tú me preguntaste por qué me seguía gustando esa forma que tienes de mirar a todas partes. Ésa tan tuya. Y a la vez yo me cuestionaba el por qué, todas mis partes, te son a día de hoy indiferentes -querer que todo descienda a las simples llamadas telefónicas y casuales cafés en la mejor cafetería de Madrid-. Algún error debí cometer a la hora de emitir mis acercamientos, o simplemente pudo ser que jamás llegaron a correr tanto tus latidos como para acabar fatigados ante la grandeza de aquella nueva aventura.

Qué fue lo que falló entre nosotros: palabras que lo decían todo; gestos, de vez en cuando, acallados, sutiles, sinceros, aunque puede que no fueran tan sinceros y por ello el "de vez en cuando". Me atormenta la idea de tener una pérdida de tiempo como premisa principal en cuanto a nuestra torpe relación de primaria. A la hora de evocar nuestros meses de afectos y caricias a distancia, me viene en mente, como si de relámpagos se tratasen, horas y días desperdiciadas pensando en-

Es posible. En esta vida todo es posible hasta que uno decide abrir los ojos, o lo fuerzan. Alguien. Un hecho o experiencia. Sin embargo, puede que todos aquellos momentos que hoy tacho de insuficientes e inservibles hayan sido, vayan a ser una nota a pie de página de ahora mi nueva vida, y que sean ellos los que supongan mi enfermedad hace años diagnosticada.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

"...nuestra torpe relación de primaria."

María dijo...

Quiero creer que has entrecomillado esa frase porque te ha sorprendido, y no porque te gusta lo que digo en ella.

Anónimo dijo...

Simplemente me sentí identificada

pintamonadas dijo...

-querer que todo descienda a las simples llamadas telefónicas y casuales cafés en la mejor cafetería de Madrid-.

A lo mejor la diferencia de casualidades es que lo que para ti supone una casualidad muy especial y para la otra persona no transfiere de algo sin más. Como averiguar la diferencia entre lo trágico y lo mágico. Es como una línea, delgada y fina, que no te das cuenta cuándo la atraviesas hasta que ya la has pisado. Mágico sería que alguien te regale una canción que te mece el estómago, y trágico es que esa misma canción un día ya no signifique nada.

Me ha encantado.

Un saludo. (: