Aunque con el corazón algo lastimado, respiro, y recuerdo la tarde de ayer:
Me fijé en que su nariz andaba con paso lento, por sus descuidos en la oscuridad de la noche; y sus ojos, débiles ante la grandeza que nos rodea, habían sufrido algún que otro encontronazo con la realidad, y ponían en sentencia todos y cada uno de los objetos que se cruzaban en su trayectoria -incluida yo-. Y mientras pensaba qué decirle o qué bufanda le hacía más caballero sentí unas ganas -remediadas, gracias a Dios- de escupir letra a letra lo que esa situación me sugería, aunque, como bien he dicho antes, supe tragarme cada vocal, cada consonante, y, una vez más, dejar mi cuerpo adormecido en unos tranquilos puntos suspensivos. No sé, su boca me fascina, y querría saber cómo sería probarla una vez más. Un beso entre nuestros labios, algo racional, sin que tantas dudas se unan a nuestro momento, y conseguir enredar mi mano en su pelo, para más adelante esconder, tras su oreja, el mechón que le sobra del coletero.
-¿Suelto o recogido?
-Déjatelo así.
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2 comentarios:
María tu vales mucho más que todo esto. Nunca te olvides. Cuando elimines la fina capa que tienes en los ojos..esa que no te deja seguir,ver la realidad, dirás " Qué tonta fuí y qué engañada estaba " y te reirás de tu tonto error. Hasta que esa capa muera, fuerza.
(U)
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