domingo, 27 de diciembre de 2009

Es Navidad

Anoche imaginé cómo sería rodearte entre mis brazos. Sorprenderte porque soy imprevisible y sentir la magia que tu espalda y tu cuello y tu olor me transmiten a través de mi deseo. Ése que vuela tras de ti, y sin que te des cuenta te atrapa en silencio, para más tarde, presa de una cadencia perfecta, hacer que lo nuestro sea inolvidable. Mientras observaba tales escenas me vi con tus labios en los míos, y, sin querer, un impulso extravagante hizo que susurrase tu nombre en la maravilla de aquel entorno, y sentí miradas interrogantes de los que quedaban a mi derecha, y a mi izquierda, los de enfrente, aquellos que reposaban tras de mí. Pedí disculpas -razonable- pero por ellos, ya que en ningún momento sentí que mis palabras merecieran un lo siento de aquí dentro, de esos que se dicen con el corazón y que desacansan en los ojos, y quienes saben ver tales espejismos, tienen el secreto en la palma de la mano, porque cuando los dedos tiemblan, no hay problema, es la mirada la que hablaa, la que llora, la que ama.

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