martes, 9 de diciembre de 2008

Bájame la luna


Supongo que se trata de esto, de la lucha entre lo que realmente uno quiere que ocurra y lo que ocurre en realidad.


Corría despacio, andaba con prisa, con el corazón en la mano recogido del suelo por mis cinco dedos, con tres lágrimas sujetando mis ojos, con un llanto silencioso clavando diez, veinte, mil, infinitas agujas en mi pecho, en mi garganta, en cada centímetro de mi piel, mirando sin ver lo que realmente mi mirada alcazaba. La fatiga me pisaba los talones, me seguía como le persigue a uno su propia sombra, como ella lo hacía con sus palabras. -¡Espera, espera por favor!- me gritó. Hacia un año que no oía aquella voz, por lo que tuvo que repetirlo para que yo fuera consciente de que ese ‘espera, espera’ estaba dirigido hacia mí y venía de ella. Me giré sorprendida. Jamás pensé que me rescataría de esta muerte segura. Me hubiese dado lo mismo si en aquellos momentos me dañaban en el corazón, porque mi corazón ya no era mío, sino suyo, y lo que yo sentía no era más que reflejo de lo que ella sostenía ahí dentro.

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