La memoria le recuerda
que incluso el tacto puede
sufrir de reminiscencias,
por aquellos versos no escritos,
de los que ahora se lamenta
y saber que sus pétalos…
Palabras que resbalan por tu cuello en forma de sudor frío, por haber leído, borrado, probar de nuevo por si esta vez- para decidir finalmente que mejor dejar que el silencio se haga con vuestra presencia. Resulta que la angustia que te produce ese no terminar de- es mejor compañera de viaje que el simple Lei vedrà, se Le devo essere sincero non smetto di pensarla, cuando la realidad es que tu corazón va a una mayor velocidad que los diez kilómetros por segundo a los que caminan tus palabras. Quédate ahí. Ahí quieto. Extiende tus manos en la distancia que os separa y no pienses en las repentinas despedidas. Simplemente deséale un buenas noches cuando decidas cerrar los ojos y, por favor, que no se te olvide, un buongiorno principessa cuando, nada más despertar, busques su olor entre cada uno de los recuerdos que construiste junto a vuestra almohada.

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