viernes, 11 de junio de 2010
El roce
R acaba de escuchar un sai cosa mi mancherà di più? y seguidamente sintió cómo era darle la mano después de no haberla tocado en meses. Ese roce tan suyo, tan de Lucía Ferrán. Era como si las horas en las que no habían tenido contacto alguno se multiplicaran entonces por cuatro millones seiscientos cuarenta y dos mil chispazos, lo que daría un resultado de estamos rozando el infinito. R volvió a sentir las ganas que, por momentos, quedaban en esas simples palabras, pero que, ayudadas por los segundos, pasaban de potencia a acto, lo que para R significaba la sumblimación en el sentido más puramente físico. Conseguía llegar a parar la lluvia cuando sentía su dedo índice recorrer la palma de su mano y sentir los rayos del sol cuando de su mano pasaba a su boca, porque después de trocear la naranja, siempre, se bebía el jugo que quedaba en el recipiente. Siempre, tras un silencio viene una palabra, y de su roce nace un beso.
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