Era octubre, y las hojas de los árboles comenzaban a temblar. Pensé, al igual que ellas, que era hora de abandonar, y dejé que mi dependencia jugara con el viento. Me soltó sin darme cuenta. Como cuando no has contado las galletas que quedan en tu caja de desayuno y una tarde, a eso de las 17:56, descubres que no te queda ninguna para aguantar la merienda, o el siguiente desayuno, experiencia aún peor. De esta manera, una mañana, me descubrí bailando entre las flores y sus tallos sin espinas, con una suave brisa en lo alto de una cima, allí, donde nace la libertad. Es así, quiero creer, como ocurren estas cosas. Por desgracia o todo lo contrario, dando gracias a Dios, uno no es consciente del proceso, de lo que conlleva una pérdida hasta que los recuerdos no se escurren por sus piernas, de su cabeza hasta la punta de alguna parte de su cuerpo, y echa de menos hasta el más sutil de los suspiros. Piensa entonces en el comienzo de todo lo ocurrido, desde el primer minuto en el que sus vidas comenzaron a tejer un sentido conjunto hasta, pasando por algunas desilusiones y sus respectivos hágame el favor de poner de nuevo esa maldita venda en mis ojos, la sensación del, a veces imperceptible, frotar de los dedos cuando se sueltan de la mano que los sujetaba -a veces no queda otra que hablar en pasado- . Y es en esos momentos, una primera persona del singular, cuando me pregunto si unas manos que cuando quiero que acaricien, acarician en silencio, leen mis desesperadas llamadas de atención y gritan de lo que quiera que griten las manos.
Es todo tan simple como ojos que no -la le li lo lu- ven, de repente, un corazón ha dejado de funcionar.
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3 comentarios:
Echar de menos cosas del pasado es demasiado peligroso.
Siempre pienso que la existencia es presente. Quizás de esa manera, intento no pensar en lo que ha sido aunque a veces todo el fluir se desvanece y tu caes al suelo.
:)
Las manos gritan frío, calor, gritan en forma de cartas, de dibujos y con música en instrumentos.
Realmente las cosas no deberían dejar de funcionar. Mi abuelo siempre me dice que lo viejo es lo que mejor funciona, que dura para siempre, el problema es que ahora las cosas nuevas vienen con lo justo para que te duren dos años. Y nadie te garantiza nada para mañana. Ahora se reparten corazones de plástico sujetos con imperdibles al cuerpo. Es débil. Y es triste.
Un beso.
añorar, soñar, o recordar, son un caramelo que engaña y nos roba lo único que tenemos, el presente.
sólo él nos entrega los sueños y nos deslumbra con la quietud de la mente.
a veces nos perdemos mucho
buen post con esos dejes de prosa poética! Un saludo
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