domingo, 31 de enero de 2010

Un día entre mantas y pieles diversas

No se en qué momento dejó de saberse viva: un día amaneció sin preguntas.

De la noche a la mañana decidió no volver a inmiscuirse en el porqué de su locura. Su vida se reducía a contar historias de los otros, y si no era de aquellos, entonces, de deseos a posteriori imposibles. Es ahí cuando uno comienza a reirse de sí mismo, cuando es consciente de que no somos una única persona, sino dos, incluso varias, en ocasiones. Es en esos instantes, nada más pronunciar la primera palabra de aquella locura soñada cuando uno se sabe vivo de veras, y es entonces cuando no quedan esperanzas a las que sujetarse, atenerse; el momento en el que no te queda otra que sugerir aquello de esparzan mis cenizas por ese camino que siempre deseé caminar junto a Ella. Y díganle, por favor que no se les olvide, que nunca he dejado de desear sus palabras.

jueves, 28 de enero de 2010

Buenas noches.

Podría hablaros de lo mucho que come, o de que tanto dolor le impide ingerir los alimentos, o de cuánto le gusta desear las buenas noches a su deseo inalcanzable. Creo que podría hablar de tantas cosas que mis dedos quedarían exhaustos de tanto teclear. Sin embargo no puedo seguir sino es con su mano entre las mías. Como cuando uno está cocinando y en los momentos de trocear la cebolla o pelar la patata, en los instantes mecánicos y repetitivos, divaga dando rienda suelta a su imaginación: ella ha ido a comprar el ingrediente que nos falta para terminar de sorprenderla, o ella aguarda impaciente tras la cortina que separa la cocina del resto de la casa. Cuando de repente, los elemenos que cuelgan de tal separación se mueven. Suenan. Han sonado por el roce. Fricción. Física. Pensamos, es ella, qué rápido, y cuando nos damos la vuelta para mirarla una vez más antes de que se vaya, una vez terminada la tarea de pelar la patata o de trocear la cebolla, nos damos cuenta de que ha sido el viento, o nuestro gato, quien ha entrado haciendo mover las telas, los objetos que adornan, los pensamientos que vuelan, las vidas que sonrien. Maldecimos el día en el que decidimos hacer caso a nuestro capricho, el de pensar que un animal podría ofrecernos algo de compañía. El infeliz, nos ha robado nuestro sueño, nuestro descanso entre piel y más piel...

Sí, podría hablarte de tantas cosas.

Inolvidable

Súbanse a otro tren cuando el que os acoge ha dejado de funcionar. Esperar a que lo reparen puede resultar ser una espera infinita. Una espera inolvidable.

lunes, 4 de enero de 2010

Hace mucho que no dibujas corazones

Tú me preguntaste por qué me seguía gustando esa forma que tienes de mirar a todas partes. Ésa tan tuya. Y a la vez yo me cuestionaba el por qué, todas mis partes, te son a día de hoy indiferentes -querer que todo descienda a las simples llamadas telefónicas y casuales cafés en la mejor cafetería de Madrid-. Algún error debí cometer a la hora de emitir mis acercamientos, o simplemente pudo ser que jamás llegaron a correr tanto tus latidos como para acabar fatigados ante la grandeza de aquella nueva aventura.

Qué fue lo que falló entre nosotros: palabras que lo decían todo; gestos, de vez en cuando, acallados, sutiles, sinceros, aunque puede que no fueran tan sinceros y por ello el "de vez en cuando". Me atormenta la idea de tener una pérdida de tiempo como premisa principal en cuanto a nuestra torpe relación de primaria. A la hora de evocar nuestros meses de afectos y caricias a distancia, me viene en mente, como si de relámpagos se tratasen, horas y días desperdiciadas pensando en-

Es posible. En esta vida todo es posible hasta que uno decide abrir los ojos, o lo fuerzan. Alguien. Un hecho o experiencia. Sin embargo, puede que todos aquellos momentos que hoy tacho de insuficientes e inservibles hayan sido, vayan a ser una nota a pie de página de ahora mi nueva vida, y que sean ellos los que supongan mi enfermedad hace años diagnosticada.