Somos dos gotas de lluvia que corren al ritmo de esas notas que se escapan de sus labios, y que hablan de lo ocurrido, y de lo que vivió anoche, y de lo que esperan que suceda los días sucesivos a éste. Somos dos entes que viajan a lo largo del cristal de su ventana, y que derriten sus palabras como lo hacen nuestros cuerpos al acercarse. La melodía arrancada por una de estas vocales y consonantes se encierra en las yemas de nuestros dedos, y duele. Y duele porque nuestra historia aparece en sus cartas como incorpórea e incompleta, silenciosa y transparente...
Para ella somos un juego, un entretenimiento que consiste en hacernos creer que somos alguien. Un alguien que ya somos, pero que, a veces, no queremos admitir que somos. Y es por ese cristal por el que caminamos, por el que lloramos y jugamos a ser pequeños seres compuestos de agua y tristeza. Agua, porque aterrizamos en esta tierra desde el cielo, y tristeza, porque vivimos el día a día, la noche, los atardeceres.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario