Y allí estaba yo, sentado en lo alto de la nube que sustentaba mi futuro, deleznable y fortuito. Hablamos durante horas, y queriendo me acercaba a ella con la excusa de separarla de aquel trocito de papel imaginario que quedaba descansando en su mejilla, o con el deseo de acabar con esa arruga que se formaba en lo alto de su falda. Cuando iba de camino hacia su cuerpo mis labios temblaban, y ella se mordía los suyos. Lo hacía de forma suave, lenta, pausada, como si tal movimiento fuera mostrado en pequeños fotogramas. Incluso había veces en las que me daba la sensación de que estuviera mordiendo mis labios y no los suyos. Mientras hablaba de lo fantásticos que son los atardeceres, todos y cada uno de ellos, la miraba a los ojos, pero seguidamente, ante el apareamiento de su labio superior con el inferior, o cuando su lengua ascendía para rápidamente desaparecer, hacía invisible mi mirada para poder centrarme en lo que verdaderamente me interesaba: su boca. Parecía tener miedo de que pudiese abalanzarme a su cuello, a sus manos, a lo que fuere, algo que fuere de su propiedad. No hice nada, nada en absoluto, y no porque me diese la impresión de que ella tan sólo quería tenerme como se tienen los retratos escondidos tras un marco y un cristal, sino porque me gustaba sentir ese vértigo, eso que muchas veces supone el comienzo de un historia y el final de otra, a lo que sigue un escalofrío que vuela por cada parte de tu cuerpo hasta llegar a las yemas de tus dedos, donde reposa unos segundos y sale temblando a través de tu boca cuando la besas -a Ella-
-Tienes que enamorarte de alguien, eres maravillosa- Le dije.
miércoles, 15 de julio de 2009
sábado, 11 de julio de 2009
Adivinanzas
Somos dos gotas de lluvia que corren al ritmo de esas notas que se escapan de sus labios, y que hablan de lo ocurrido, y de lo que vivió anoche, y de lo que esperan que suceda los días sucesivos a éste. Somos dos entes que viajan a lo largo del cristal de su ventana, y que derriten sus palabras como lo hacen nuestros cuerpos al acercarse. La melodía arrancada por una de estas vocales y consonantes se encierra en las yemas de nuestros dedos, y duele. Y duele porque nuestra historia aparece en sus cartas como incorpórea e incompleta, silenciosa y transparente...
Para ella somos un juego, un entretenimiento que consiste en hacernos creer que somos alguien. Un alguien que ya somos, pero que, a veces, no queremos admitir que somos. Y es por ese cristal por el que caminamos, por el que lloramos y jugamos a ser pequeños seres compuestos de agua y tristeza. Agua, porque aterrizamos en esta tierra desde el cielo, y tristeza, porque vivimos el día a día, la noche, los atardeceres.
Para ella somos un juego, un entretenimiento que consiste en hacernos creer que somos alguien. Un alguien que ya somos, pero que, a veces, no queremos admitir que somos. Y es por ese cristal por el que caminamos, por el que lloramos y jugamos a ser pequeños seres compuestos de agua y tristeza. Agua, porque aterrizamos en esta tierra desde el cielo, y tristeza, porque vivimos el día a día, la noche, los atardeceres.
domingo, 5 de julio de 2009
Amigos para siempre
Amanezco y me gusta saber que he abierto los ojos en sincronía con el sol, con ése que todo lo ve, y nada más apoyar mi cabeza sobre la almohada presiento que algo en mí ha cambiado. Está naciendo nuevamente en mí, ya que cuando sopla mi nombre en la lejanía que nos separa siento cómo cada uno de sus fonemas bailan un pequeño vals. Se cogen de la mano, y de dos en dos comienzan a mover sus patitas nada más aparecer la primera nota de la melodía. Sin embargo tal movimiento sigue aun habiendo silencios de por medio, y es esto lo que lo hace tan sumamente especial, su permanencia en mí, como un eco que se adentra y se resguarda en una cueva del tormentoso viento que agita el cabello, los toldos, las nubes. Mi nombre viaja de sus labios a mis oídos, y retumba en ellos como si nunca antes lo hubiesen escuchado, mi nombre, su palabra. Es difícil comprender cómo he llegado hasta aquí, y cómo he dejado que tal cosa se escapara de estos dedos fríos, pero ya sabéis cómo son de escurridizos los sentimientos. No he podido controlarlos, aun pensando que todo estaba bajo la mirada atenta de mis dos pies, de mis dos manos, de mi corazón.
No importa lo que me diga, y si lo que me dice anda desprovisto de sonido -o de significado-, porque ya estoy yo ahí para interpretarlo, aunque esta función sea el motivo principal de confusión. ¿Qué importancia tendrán entonces sus palabras? Si soy yo la única que habla -y lo hace por los dos-, y siente, y padece. Tampoco interesa que sonrían cuando tu imagen resbala por sus pensamientos. Sólo es importante saber que tanto tú como él sonreís a la vez nada más comenzar a tejer una historia, ésa de la que ambos sois protagonistas.
No sé si esto merece la pena, estas palabras, mis pensamientos, él, mi corazón y sus enfermedades. Únicamente decir que, en mi caso, otro clavo ha aparecido, y con él la sorpresa y las ganas -ganas de quedarme en su abrazo- y es quien, seguro, sí merece la pena.
No importa lo que me diga, y si lo que me dice anda desprovisto de sonido -o de significado-, porque ya estoy yo ahí para interpretarlo, aunque esta función sea el motivo principal de confusión. ¿Qué importancia tendrán entonces sus palabras? Si soy yo la única que habla -y lo hace por los dos-, y siente, y padece. Tampoco interesa que sonrían cuando tu imagen resbala por sus pensamientos. Sólo es importante saber que tanto tú como él sonreís a la vez nada más comenzar a tejer una historia, ésa de la que ambos sois protagonistas.
No sé si esto merece la pena, estas palabras, mis pensamientos, él, mi corazón y sus enfermedades. Únicamente decir que, en mi caso, otro clavo ha aparecido, y con él la sorpresa y las ganas -ganas de quedarme en su abrazo- y es quien, seguro, sí merece la pena.
viernes, 3 de julio de 2009
Hay luna nueva
Fue un 28 de junio.
Vuelas por los aires sin apenas ser visto cuando, de repente, una luz alcanza cada poro de tu piel, y sientes cómo todas tus extremidades se estremecen por el roce de sus rayos; y su olor, el que desprende su luz, navega atravesando cada uno de los hilos que componen la vida hasta llegar a tu corazón. Y es en esos momentos cuando sabes que no hay ser vivo que no sepa de tu existencia, ya que su luz, ahora, es tu luz, y todo cuanto quieras hacer o saber dependerá de eso, de si ése o ésa están vivos.
Y yo volaba, como he comentado antes, pero lo hacía sin sustento, sin tener una base sólida que pudiese mantener mi cuerpo a flote -mi alma bailaba alrededor de las estrellas-. Y aun sin poder apoyarme en nada tangible en este instante, sé que puedo confiar en lo que está escrito, ya que cuando sus manos rozan las mías, o cuando sus ojos delatan lo que su corazón dicta, no cabe duda alguna de lo verdadero que es ese sentimiento. El tuyo. El mío.
Sin embargo es difícil expresar lo que uno siente cuando dos meses son la única verdad, y el adiós se dice pronto. En realidad lo único que espero es andar, correr, o volar y encontrarte de nuevo, en lo alto de tu cama, jugando con los pinceles y sus colores, o incluso susurrando mi nombre en lo alto de una montaña en Trieste.
Vuelas por los aires sin apenas ser visto cuando, de repente, una luz alcanza cada poro de tu piel, y sientes cómo todas tus extremidades se estremecen por el roce de sus rayos; y su olor, el que desprende su luz, navega atravesando cada uno de los hilos que componen la vida hasta llegar a tu corazón. Y es en esos momentos cuando sabes que no hay ser vivo que no sepa de tu existencia, ya que su luz, ahora, es tu luz, y todo cuanto quieras hacer o saber dependerá de eso, de si ése o ésa están vivos.
Y yo volaba, como he comentado antes, pero lo hacía sin sustento, sin tener una base sólida que pudiese mantener mi cuerpo a flote -mi alma bailaba alrededor de las estrellas-. Y aun sin poder apoyarme en nada tangible en este instante, sé que puedo confiar en lo que está escrito, ya que cuando sus manos rozan las mías, o cuando sus ojos delatan lo que su corazón dicta, no cabe duda alguna de lo verdadero que es ese sentimiento. El tuyo. El mío.
Sin embargo es difícil expresar lo que uno siente cuando dos meses son la única verdad, y el adiós se dice pronto. En realidad lo único que espero es andar, correr, o volar y encontrarte de nuevo, en lo alto de tu cama, jugando con los pinceles y sus colores, o incluso susurrando mi nombre en lo alto de una montaña en Trieste.
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