Déjame soñarte con los cinco sentidos, con la pluma y el papel, con la boca y sus dientes; déjame sentirte con mi aliento, con mi respiración y mutismo; déjame declarar mis sentimientos ante mi idea, la que tengo de ti, porque es a ella a quien amo, a las palabras que se recrean en cada centímetro de tu cuerpo, y en los verbos de mis pensamientos -creados por mí para ti-
Es a ellas, aquéllas que dan forma a este sentimiento, a quienes echo irremediablemente de menos. Las aplaudo cuando amanecen de mis labios, y las sonrío cuando bailan sobre el papel blanco. Mis manos son las que tiemblan y no mi voz cuando ven asomar una consonante apropiada, o una vocal que nunca antes había concordado con mi deseo, con mi apetencia. Saludo al mundo con otros ojos después de haber plasmado sobre el papel nuestro día –aquellos días- y , a la vez, me entristece saber que se trata de un pasado, de una realidad ya vivida y que, como ocurre con todo, es irrepetible. Es sorprendente, pero hoy en día, me siento con las mismas ganas de sentirte que la idea de no tenerte para sí escribirte.
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