viernes, 26 de junio de 2009

La cercanía, a veces, duele


...Sigo ahí, envuelta en su abrazo, acariciada por sus dos manos, vigilada en penumbra por sus ojos que no miran, pero que sí me ven. Me ruboriza el sólo hecho de pensar que esta vida es la que yo he elegido: quedarme sin aliento por las ganas -las ganas de querer no quererte cada día más- Es inútil, porque sigo entrelazada a su sombra, y absorbida por su aroma, que me resulta verdaderamente delicioso. Mientras espero un gesto que indique que ya es momento de deshacerme de su cuerpo, aprovecho los últimos instantes para recorrer su espalda con mis dedos, y disfrutar de la sonrisa que esconde tras de mí, porque sí, sé que está sonriendo. No obstante permaneces en mí, rozándome el alma a sabiendas de lo que haces y de sus avenidas consecuencias: aprieta el corazón para más tarde dejarlo huérfano de madre, sin sangre que recorra mis venas y arterias, porque como los vampiros, su vida, ha consumido la mía. Y sin embargo reniega de este nuestro sentimiento, e instaura su belleza sobre la palma de mi mano, para seguidamente cerrarla impidiéndome de este modo ver de qué color son sus ojos, a qué saben los labios que nunca he probado. Es el miedo, entonces, quien resbala por todo tu cuerpo, y cuando me miras sin querer, ya sea por costumbre o porque te gusta lo que ves, hallo en ti ese deseo irrefrenable que te contagia en mí cuando me abrazas, cuando te abrazo, nada más abrazarnos.

Ha muerto

Susan recordó que la cama en donde había dormido con su, por aquel entonces, inspiración, luz que irradiaba cada una de las esquinas de esta habitación, era aquella en la que ahora reposaba su triste sollozo. Triste porque su reminiscencia en forma de imagen incandescente sobre fondo negro había hecho que quisiera volar de nuevo, como aquella noche, ésa en la que le dijo te quiero: “Susan, te quiero”

Cada atardecer aullaba su nombre, y conseguía de forma mágica hacer estremecer cada una de las partes de su cuerpo. Toda ella saludaba con delicadeza sus caricias, las que sus labios ofrecían a su boca -la de ella-, o sus manos, que entre susurros jugaban con el broche del sujetador -el de ella-

Se encontraba entre sonrisas y más sonrisas cuando él escribía sobre su espalda, sobre sus dos mejillas, palabras silenciosas, secretos decorados con alguna que otra mentira, pero ella lo deseaba con tal persistencia que creía su mirada cuando le juraba que sólo era ella a quien escribía:
“créeme, jamás podría narrar ninguna otra historia en la que tú no fueras la protagonista, porque mis ojos solo ven tu cuello, y mis manos sólo pueden tocar tus labios”.

Sin embargo es ahora cuando Susan entiende que aquel desengaño es la única verdad que ha conocido, y que el amor que él prodigaba ante ella no era más que una sucia escapatoria para no percibirse solo y abandonado

Dualidad

Déjame soñarte con los cinco sentidos, con la pluma y el papel, con la boca y sus dientes; déjame sentirte con mi aliento, con mi respiración y mutismo; déjame declarar mis sentimientos ante mi idea, la que tengo de ti, porque es a ella a quien amo, a las palabras que se recrean en cada centímetro de tu cuerpo, y en los verbos de mis pensamientos -creados por mí para ti-
Es a ellas, aquéllas que dan forma a este sentimiento, a quienes echo irremediablemente de menos. Las aplaudo cuando amanecen de mis labios, y las sonrío cuando bailan sobre el papel blanco. Mis manos son las que tiemblan y no mi voz cuando ven asomar una consonante apropiada, o una vocal que nunca antes había concordado con mi deseo, con mi apetencia. Saludo al mundo con otros ojos después de haber plasmado sobre el papel nuestro día –aquellos días- y , a la vez, me entristece saber que se trata de un pasado, de una realidad ya vivida y que, como ocurre con todo, es irrepetible. Es sorprendente, pero hoy en día, me siento con las mismas ganas de sentirte que la idea de no tenerte para sí escribirte.

domingo, 14 de junio de 2009

Sus equipajes, vuestra historia.



¡Por fin! Si ella supiera cuántas veces he deseado que llegara este momento, si únicamente supiera cuantísimo he soñado con tenerla para mí en cuerpo y alma, querría disfrutar de cada poro de mi piel hasta quedar saciada. Ay, pero de qué forma me miran sus ojos...

Ahora que me paro a pensar puede que la idea de viajar juntos a Florencia no haya sido la más acertada. A él le gusta la literatura romántica y a mí las palabras me aterran.

-No me mires así, Joan, las cosas no son siempre lo que parecen.
- ...

Anda, corre o vuela




"Estas letras son mi despedida. Me marcho, Luz. Me marcho antes de que tú desaparezcas de mi lado; me marcho por miedo a que dejes de desear cada palabra que escribo y para que no me olvides; me marcho; me marcho para no dejar jamás de pertenecerte.”

Subí de su mano al vagón que prometió llevarnos adonde renacen aquellos que han muerto, cuando supe que era hora de abandonar. Introduje el pequeño trozo de papel entre las páginas de su libro.

–Ahora vengo. He de hacer una llamada...-


-Pero no tardes, cielo.

domingo, 7 de junio de 2009

Adonde no fuimos



Escuchaba la radio cuando de repente me vi abandonada en tu recuerdo. Ése que me persigue y que deja tras de mí una sombra valiente, un llanto irremediable en cada poro de mi piel. Estaba recorriendo la ciudad, y me acordaba de cada metro pisoteado por nuestros cuatro pies, y de cada verso que leíamos en voz alta, de Alberti, o de Rilke, incluso, a veces, eran nuestras palabras las despellejadas por nuestras voces. Y aquello, la verdad, me llenaba de alegría. Escuchar cómo tus emociones me abrazaban y me dejaban pendiendo de un hilo. Uno que acabó por romperse y finalmente por desaparecer. Lo busqué, de verdad que lo busqué, pero algo dentro de mí -o en ti- ha cambiado, y no sé qué hacer para recuperarlo. O quizá lo mejor será dejar que esas mariposas que volaron hace tiempo, paseen libres por el eterno campo , ya que ¿acaso el cielo espera el despertar de la luna? Sigue y seguirá siendo cielo aun no estando iluminado por un ilimitado número de estrellas, aun no siendo acogido por los primeros rayos del sol. Y así como el cielo sigue siendo un lugar que por mucho que extiendas el brazo nunca llegarás a saber de su tacto, tú, mi recuerdo, quedas todavía en lo abstracto e incorpóreo. Y es lo incognoscible de tu persona lo que me hace abandonarme en mi memoria, y pensar en el porqué de tus ganas por saberme viva. Claro que permanezco, y lo hago a tu lado en silencio, por eso tu insistencia y mi mutismo. No pretendo salir aireada de esta situación, ni hacerme con el papel protagonista, ni siquiera llamar tu atención, ya que lo único que pretendo es deslindarme de nuestra historia, y para ello tienes que dejarme marchar como volaron todas tus mariposas. Y es que me resulta verdaderamente envidiable aquellas personas que son capaces de viajar por rutas nuevas aun habiendo experimentado con anterioridad cosas terribles; percibir sentimientos mágicos y exitosos; ansío lo que aquellos son capaces de lograr cuando viven lo que hay que vivir, eso que alguien ha construido para y por ellos. Supongo que algo así, percibirse libre de las garras del que una vez fue su opresor, no es algo que le ocurra a uno todos los días, y por ello, ansiado con fervor.

Ay... Desgraciada cría, con las verdades que habrían esperado tras tu ventana, y sólo te acordaste de ahondar en tu pasado. En tu triste reflejo de hace años. Porque pudimos recordar todos los lugares en donde estuvimos, incluso aquellos que no visitamos y que siguen latentes en mi memoria, porque sé que son dignos de admirar, de contemplar aunque tu presencia, concreta y deleznable, no me acompañe de la mano. Y hoy por hoy, únicamente soy capaz de pedirte, de suplicarte que no vuelvas, porque confío en que esta vez tu olvido se desvanezca como todo lo que conlleva recordarte, así como lo hacen las lágrimas una vez abrasadas por el sol, o la voz que, entre cortada, huye hacia el silencio.