lunes, 25 de agosto de 2008

Hace tiempo...

Vuelvo y ya no estás. Sueñas y yo no estoy. Te abrazo y noto que el aire corre impaciente entre mis pálidos dedos. Unos dedos que me piden a gritos tocarte, sentirte o suspirarte. Como veis me gusta ir de lo más lejano a lo más cercano. No puedo palparte como se palpa un jersey, un cojín, una muñeca... pero sí soy capaz de suspirarte –Y que levante la mano quien me prohíba desearte- Digo esto porque tengo que pensarte en abstracto. He de conformarme con lo único que tengo para evocarte, tu nombre, tus palabras y tus puntos. Con lo complicado que es lo indivisible, y sin embargo todo cuanto me rodea, y que te lleva a ti de la mano, parece reducirse igual que se reduce mi tiempo al tuyo.
En aquel momento, cuando caí rendida en aquel colchón de sueños, me pareció tenerte, pero sé que tan sólo fue de manera abstracta, y no como a mí me hubiese gustado: no en mis labios, ni en mis manos, ni mi piel era tu piel. En aquellos instantes sufría la tan indeseada frustración de querer y no poder. Su boca estaba a escasos centímetros de la mía, pero eso no hacía que me conmoviera. Y menos aún me concedía el honor de temblar- Lo necesito saber ¡Y lo qué tiemblo de saber! Pero si no me hicieses temblar, tú no serías tú, y entonces, yo no te querría como te quiero – Estas últimas voces son palabras de Federico García Lorca que me llevan a un charco de calma, a un mar de lágrimas y a unas bodas de sangre.

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