Viviendo deprisa
tan rápido que
el tiempo
ha dejado
de pronunciar
su nombre.
Olvido.
¿Qué ha ocurrido
entonces con esa
tal -cómosellamaba-
Nostalgia?
Nostalgia
de una tal
Tristeza;
de un
creo recordar
Llanto;
de esos
buenos amigos
los Sollozos Pérez,
los Enfados Martinez,
los Reproches González.
Nostalgia
de sus queridos
no te vayas nunca
-y se fue
se fue hace ya tiempo-;
de los abrazos
que nunca fueron;
de unos besos
que sí estuvieron
pero cuya razón de ser
no fue otra que
llenar ese vacio.
Ese maldito vacío
que acabó
con el corazón de aquélla,
con sus anécdotas,
con las experiencias,
porque no tenía.
Poque no vivía.
Eh,
si es que
con todo aquello
sólo podías añadir
palabras
a tus lágrimas.
Que creo recordar
te encantaba.
Siempre comentabas
lo mucho que te gustaba
revolcarte por el suelo
con las manos,
los pies,
con la cabeza
y corazón.
Un paro cardiaco
era igual a
cuarenta palabras
por minuto,
lo que significaba
una novelucha por hora y media,
si el dolor
era lo suficientemente grande
como para convertirse
en inspiración.
Nostalgia
de esa inspiración.
Ah, ¿sabes?
hace tiempo
el Olvido
me comentó que
quiso añadirte
a su red social.
Aceptaste
con los ojos vendados,
abiertos,
vendados,
abiertos.
A regañadientes,
pero finalmente
pudiste ver su perfil,
sus fotos,
sus escritos,
qué le interesaba
en la vida.
La vida en sí
era lo que
le interesaba.
Sin adjetivos
ni florituras.
Ella. La vida.
Y no sé de qué manera
te viste convencida
para seguir sus pasos,
para seguir como modelo
a ese tal Olvido,
ése que yo, sé, jamás aceptaré
como premisa principal
en la lógica de mi vida.
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2 comentarios:
no sé por qué entré aquí, quizás porque recien te he escrito un email.
que sorpresa, bella, ver tus letras.
salut!
Una gran sopresa poder leerte una entrada más.
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