"Mi amor,
Quedémonos aquí sentados, sin nada que decirnos, con la boca hambrienta de besos imposibles. Hablemos con miradas y silencios, cortantes, incómodos, insalvables, porque sé que todavía, aun por esas ganas que tenemos de escondernos, abbiamo troppe cose da raccontarci. Tanto tú como yo somos conscientes de esas salidas que no tuvimos; de aquellas oportunidades que no supimos colorear, a las que no conseguimos darle coherencia ni exclusividad; conscientes de esas ganas que se quedaron sentadas en Plaza de España, esperándonos, y que ya se fueron. Un mi amor sincero, y que asumo imposible e irrefrenable, pero no por ello falso. Es sincero este momento, este 18 de marzo a las dos de la madrugada, instante en el que me encuentro leyéndote, pensándote, queriéndote en todas tus dimensiones. Para serte sincero odiaría pensar en que existe una posible despedida, cuya posibilidad, la de ese adiós, es la que asienta qui dentro un malestar incómodo para mi garganta y cada uno de mis sentidos. Por ello es por lo que no consigo hablarte cuanto querría, y por eso este vencimiento de ahora las dos y doce minutos. ¿Y si te dijera que es contigo con quien quiero perderme en un radio de un kilómetro a la redonda? ¿y si te pidiera que te olvidases del resto y te convirtieras en aquello que realmente quieres ser? ¿y si quisiera que tú y yo, por fin, fuésemos uno? Tengo curiosidad por saber qué responderás o, echando mano de un caso hipotético y más real, qué responderías a esa petición de unicidad, de no querer más que la felicidad del otro para que, de esta forma, el uno estuviera en lo más alto. Siempre ese egoismo que me caracteriza, y que tú criticabas cuando, juntos, tomábamos esos gnocchis que tanto nos gustaban. Lo único que compartíamos, además de las ganas por volar alto, muy alto y lejos. Muy lejos."
Esas ganas que se quedaron sentadas en Plaza de España, esperándonos, y que ya se fueron.
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