jueves, 30 de diciembre de 2010

Nuestra calvicie

Cierra los ojos

y date cuenta de las vueltas que da la vida, sin que tú controles los encontronazos con la realidad; ese abrir los ojos, la boca, las palmas de las manos de repente; los sueños que nunca alcanzan la mayoría de edad; las lágrimas que se vierten, incontroladas, por las escaleras; las emociones que te produce el primer beso.

Piensa además que hay momentos en los que crees saber de qué va todo esto , y otros en los que ojalá te deshicieras de los oídos, de esos ojos, del frío y del calor. Has de saber que existe un terminar y comenzar de nuevo, y que por eso sólo se llama a todo aquello 'tener un mal día'.

Ahora coge aire y abre los ojos

jueves, 23 de diciembre de 2010

Los besos

Todas esas imágenes,
ahora lo recuerdas,
paseaban con la mano alzada,
cruzando los dedos,
tropezándose por las escaleras,
y aquéllas que dejaron rastro,
una huella una luz,
un destello una sombra
quisieron ser las reinas de la noche,
y de la mañana,
sin embargo es ahora cuando otros besos
se hacen con esos resúmenes a media mañana,
con esos tiempos muertos
entre pincelada y pincelada,
con esas sonrisas después de una llamada,
con las 24 horas de un sólo día,
y las 48 de los dos días siguientes.
Son unos besos lentos,
que se agarran a los labios,
y que se despiden,
para segundos después,
volver a decirse algo.
Entre sábanas siguen jugando
sus labios,
se despegan,
se unen para desunirse,
se hablan para,
más tarde, tener la ocasión de
callar. Y besarse.
Y seguir besándose. Y.

Ahora concentraos en esa milésima de segundo que media entre estar en contacto, labio contra labio y la cercanía que, si no se vence, duele, te arranca una lágrima, un sollozo, se lamenta en un suspiro.


Se alejan los labios,
pero saben que volverán
a verse algún otro día,
minutos después,
dos, tres segundos del futuro.
Recurrirán a las mismas estrategias,
rozarán con la nariz la mejilla
que desean,
para, de esa manera,
sentir que un movimiento más
hará que vuelva a funcionar la noria.
Incluso se repetirán palabras,
silencios,
unas risas para abrir el apetito,
o puede que, simplemente,
se besen en su propia despedida,
una despedida que, en ocasiones,
se espera y desea eterna.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Métodos creativos para los amantes de la ambigüedad

Quando saprai di cosa parla l'amore
sarai vecchio,
avrai avuto due fligli e quattro gatti,
e probabilmente tua moglie ti manderà a cagare.



Caminan de la mano el peso de su cabeza y todo su cuerpo,
con los dedos sobre su pecho, sujetándose con fuerza el corazón.

Aterriza como puedas, se suplica frente a la realidad,
una realidad que ha escupido palabras como si de sangre se tratara.

Se estremecen todos y cada uno de sus sentidos,
y los suspiros cobran protagonismo en una ambivalencia tortuosa.

Se sienten fuertes porque han decidido seguir hacia delante,
pero a su vez hay una debilidad irresistible en ese comienzo a suspirar

Quedémonos sentados por si las puertas se cierran,
y las ventanas resultan ser de un vidrio blindado y opaco.

No saltéis, ni en paracaídas siquiera, con los ojos cerrados,
aunque os esperen los regalices rojos más apetitosos de la tierra.

La opresión en el estómago, en los pulmones, es molestia, incomodidad,
todo firmado ante notario y con su debida reclamación.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Palabras que crean eco

Quando sai ciò che vuoi
e invece fai
la cosa più terribile del mondo
non ci resta che piangere.


Imaginad que estáis codo con codo,
envueltos por un edredón,
cubiertos por la respiración
de la mañana que amenaza
con aparecer.

Imaginaos revueltos
entre vuestras pieles,
entre la tuya
y deseosos por haceros
con la suya.

Implantad una mirada
que os saque de esa luz
que os ciega,
de esa dulzura que irradian
aquellos labios.

Y un beso, dadle un beso
con el que consigáis
anular al resto,
y piense, así,
que éste ha sido el único en su vida.

Aún no huyáis de esos dedos
que os acarician. Centraos
en las subidas y bajadas,
en los círculos que propagan
sobre esa carne que os tiembla.

Asumid el silencio,
y brindad con los ojos cerrados
por la existencia de unos instantes
como aquellos, que no se quedan
en palabras de Machado, ni de Bécquer.

Acabad con el deseo
si os arden las manos,
y pintad sobre su espalda
una esperanza,
y así ésta os pertenecerá para siempre.

Quedaos con ese aroma,
el que ha sobrevivido a ese momento,
porque vosotros andáis entre nubes y
cielo,
y posiblemente ya estéis muertos.