Una noche vino llorando canciones
y versos
y dudas,
sin que ellos mismos quisieran salir a la luz
Supongamos que una noche decides quedarte de pie con la intención de hacer el menor ruido posible. Observas con las manos atadas a la espalda y sin que nadie pueda escuchar el frotar que hacen las plantas de tus pies contra el suelo. Has elegido susurrar. Procura no llamar la atención. Respiras tranquilamente y esperas que momentos como aquellos se queden esperándote bajo la almohada, para, una vez llegado tu momento, poder gritar en silencio. Crees escuchar un beso a unos veinte metros de donde está tu vientre, sin tu sombra y en la oscuridad más absoluta, e intentas afinar el oído, por si se vuelve a repetir, y de esta manera, dentro de unos cincuenta suspiros, puedas decir hace tiempo escuché su beso. Sigues sin moverte, aunque si por ti fuera, si pudieras bañarte en ojalás y todo esto fuera un sueño difrazado de realidad, uno de ellos sería un «ojalá pudiera o pudiese medir el metro que nos separa con los dedos de una mano». Aún así, la parálisis se vuelve a tu favor y empiezas a jugar con las ideas y pensamientos que retozan como si de niños se tratasen; van de aquí para allá, moviendo las muebles y ordenando los armarios de tu yo más humano, y lo único que pretendes en estos momentos es continuar con el voto de silencio, para escucharte, y sentir que no necesitas nada de lo que pueda decirte el mañana que sucede a esta oscuridad. Ojalá volumen II quedasen en penumbra todos y cada uno de los sentimientos que has elegido cursar. Ojalá a la 3º va la vencida apruebes sin problema, y puedas salir de esta inmovilidad que te tiene atado de pies y corazón.
Dos mil trescientos cincuenta y cuatro silencios después apareciste entre los abrazos de aquélla. Ésa con vaqueros y zapatos marrones. Sí, ésa que en este preciso instante -2:04 de un día par- está clavando en ti seis de sus seis puñales. Te diste cuenta de todo esto cuando decidiste dejar de susurrar y quisiste que el color se hiciera con todas aquellas sombras, cuando tus manos eligieron la opción de pintar con acuarela unos ojos en tus párpados mojados. Sé bien que no te concentraste en aquel abrazo que os envolvió mientras soñabas con una despedida eterna, sino que te quedaste pensando en el paso siguiente que pasaría de potencia a acto cuando fueras consciente de que hay suposiciones que acaban pisando la realidad.
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2 comentarios:
¿Por qué no romper esos silencios y llenarlos de besos (por ejemplo)? Entiendo que si las suposiciones pisan la realidad es porque son reales sin más.
...y desapareciste del mundo... mi mundo tal vez.
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