Resulta ser la sorda que nunca pensé que llegaría a ser. Ella. Sin corazón o posiblemente ya crecida en edad, y por tanto presa de experiencias en las que para qué un corazón, me lo has cogido y soltado y golpeado ya tantas veces que es ahora cuando me pregunto de qué me sirve tener venas y arterias, sístole-diástole. Yo era una niña Me decía. Entonces yo me digo un recuerda olvidar, querida. De tal manera no sería la única en arrastrarse por la sombra que deja su he crecido, ¿no lo ves?. Sin embargo una cosita en el pecho me avisa de lo difícil que resulta a veces convertir ese "recuerda olvidar" en un "eccomi! Sono nuova".
Pausa. Aire. Suspiro.
Después de este primer movimiento viene rápidamente la coda, el momento en el que dejo que su majestad salga por la puerta grande, que por miedo a quedarse sin un final ha decidido aparecer antes del adagio previsto como cierre de esta corta melodía.
domingo, 30 de mayo de 2010
sábado, 29 de mayo de 2010
El ajedrez como juego de estrategia
A Rubén le daba miedo hablarme de la vida, de lo mucho que le gustaba vivir y de lo poco que la vida quería que continuase viviendo. Recuerdo que siempre, con un café en mano, se sentaba frente a mí y comenzaba a contarme sus días, especialmente le gustaba volver a aquél en el que unas manos tocaban una melodía al piano. Él me repetía una y otra vez que sólo veía el reflejo de aquellos movimientos, ya que nunca se atrevió a posar la mirada directamente sobre sus manos. Se las imaginaba delicadas y pintadas de un color algo diferente a las suyas. Le gustaba transportar los dedos de ella a su espalda, a sus brazos, a sus labios, y crear así una imagen en la que su tacto, su roce fuera el único protagonista.
La primera vez que, por mera casualidad, escuchó a aquellas manos, quiso conocer a la propietaria de esos impromptus melancólicos y agilidosos, lo que sin embargo se quedó en una simple idea, ya que, días después, cuando hubo consultado con sus mismas manos la posibilidad de alcanzar esos labios, decidió que sería mucho más excitante la idea de quedarse con ese reflejo e inventar una historia en la que no hicieran falta más sombras.
Aún así, como ocurre la mayoría de las veces -la mayoría porque ahora soy yo quien tiene miedo del para siempre- la reina acabó merendándose al peón, o lo que es lo mismo, la vida, entre torres y alfiles, ganó a su adversario el ser humano.
La primera vez que, por mera casualidad, escuchó a aquellas manos, quiso conocer a la propietaria de esos impromptus melancólicos y agilidosos, lo que sin embargo se quedó en una simple idea, ya que, días después, cuando hubo consultado con sus mismas manos la posibilidad de alcanzar esos labios, decidió que sería mucho más excitante la idea de quedarse con ese reflejo e inventar una historia en la que no hicieran falta más sombras.
Aún así, como ocurre la mayoría de las veces -la mayoría porque ahora soy yo quien tiene miedo del para siempre- la reina acabó merendándose al peón, o lo que es lo mismo, la vida, entre torres y alfiles, ganó a su adversario el ser humano.
viernes, 28 de mayo de 2010
Anoche
Me consuela saber que, para un encuentro deseado, sin saber siquiera cómo suenan sus suspiros -¿y su voz?-, mi pobre necesidad por- queda coja ante tal efecto, por lo que no me queda otra que pensar aquello de si tiene que ocurrir, tranquila, ocurrirá.
martes, 25 de mayo de 2010
Autoengaño
Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere -respiro- me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere -sigo caminando y veo miles de millones de margaritas, pero yo me quedo con esa amapola de ahí- me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere, me quiere...
miércoles, 19 de mayo de 2010
Fin
Cuando quise darme cuenta estaba deseando las palabras de ese alguien que ya, muy a mi pesar, va en dirección contraria, ha recogido las semillas que olvidó en aquel camino, lee otra clase de poesía, sugiere otros nombres para su inspiración, inventa deseos nuevos, magnifica sus efectos -los de su recién nacido-, juega con la idea de tenerla consigo, escribe una historia en la que esos silencios no son los míos, mira otras bocas, besa, después de susurrar un te amo, sus manos cálidas, llenas de caricias y secretos. Supongo que, entre otros asuntos fuera de mi incumbencia, el problema ha sido que he corrido lentamente,
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te a su encuentro, y que la espera no es eterna para algunos. Me gustaría saber qué es lo que se siente cuando repasan el contorno de uno, de ése a quien no se ha querido pero que, inexplicablemente, ahora no es más deseado porque entonces tendríamos que hablar de un fenómeno sostenido por la metafísica. Además, aprovechando el me gustaría saber sería interesante, para mí, para este instante, para mi noche en vela, para mis pobres trazos descubrir el momento en el que no te quiero fueron sus cereales y le dieron unos muy buenos días. Debe de haber sido agradable, digno de fotografiar o esperad, mejor aún, digno de ser filmado, para de esta manera poder capturar la entonación de las palabras, de ésas que te vacían el intestino y dejan que tu garganta cante. Como cuando uno ha ingerido algo en mal estado y los médicos han de comenzar con un vaciado de estómago. Después de todo no me queda otra que suponer que, así, tratando de mezclar los sentimientos con lo puramente físico, la cosa comienza y acaba de esta manera
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domingo, 16 de mayo de 2010
Perífrasis verbal: dejar de-
Tiene toda la razón del mundo, tengo que matarte.
Tengo que no verte en paredes, ni en trazos de otros, ni siquiera entre lineas, ni tocada por las teclas de un piano.
Creerte supondría alguna palabra, algún que otro comportamiento congruente con esa manera de ser tan tuya, tan particular, tan única, tan todo lo que mi inspiración me permita ingeniar, pero a la que tengo que quemar entre todos los recuerdos esparcidos por cada una de mis venas.
Tengo que no verte en paredes, ni en trazos de otros, ni siquiera entre lineas, ni tocada por las teclas de un piano.
Creerte supondría alguna palabra, algún que otro comportamiento congruente con esa manera de ser tan tuya, tan particular, tan única, tan todo lo que mi inspiración me permita ingeniar, pero a la que tengo que quemar entre todos los recuerdos esparcidos por cada una de mis venas.
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