domingo, 18 de abril de 2010

Quello che non ho scritto (silenzi)

Odio la forma que tiene de mirarte; o la que lleva a cabo cuando se aproxima a rozar tu espalda: para que sepas que está ahí y no se ha ido, para sentirte cerca, para quererte en silencio, para saberse viva, para saber de qué forma tiemblas y cuándo tiemblas, para saber que estás ahí y aún no te has ido. Odio cómo sus labios se aproximan a los tuyos, y si no es para besarte, entonces, deciden hablarte. Eso no quiere decir que sea algo que no deba meter en esta odiosa lista, ya que lo odio también; cómo te habla, el tono y sus palabras. Los silencios en los que se encierra cuando te escucha, los detesto, y el esplendor que emerge de su sonrisa cuando callas, y los dos quedáis titilando entre suspiros. Odio cómo aspira para seguidamente espirar, y odio más aún cuando esta función dichosa es acompañada de un deseo, de cualquiera que me recuerde que, todavía, se puede desear contigo.

Y odio todas estas formas de evolución porque me llevan a cuando yo te miraba o me arrimaba a tu espalda, o cuando, simplemente, deshaciéndome de uno de tus mechones de pelo que acariciaba mi mejilla, creías quererme.

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