domingo, 18 de abril de 2010

Quello che non ho scritto (silenzi)

Odio la forma que tiene de mirarte; o la que lleva a cabo cuando se aproxima a rozar tu espalda: para que sepas que está ahí y no se ha ido, para sentirte cerca, para quererte en silencio, para saberse viva, para saber de qué forma tiemblas y cuándo tiemblas, para saber que estás ahí y aún no te has ido. Odio cómo sus labios se aproximan a los tuyos, y si no es para besarte, entonces, deciden hablarte. Eso no quiere decir que sea algo que no deba meter en esta odiosa lista, ya que lo odio también; cómo te habla, el tono y sus palabras. Los silencios en los que se encierra cuando te escucha, los detesto, y el esplendor que emerge de su sonrisa cuando callas, y los dos quedáis titilando entre suspiros. Odio cómo aspira para seguidamente espirar, y odio más aún cuando esta función dichosa es acompañada de un deseo, de cualquiera que me recuerde que, todavía, se puede desear contigo.

Y odio todas estas formas de evolución porque me llevan a cuando yo te miraba o me arrimaba a tu espalda, o cuando, simplemente, deshaciéndome de uno de tus mechones de pelo que acariciaba mi mejilla, creías quererme.

lunes, 12 de abril de 2010

Forza

A veces no sabemos cómo definir un morderse los labios seguido de unos pies haciéndose con el asfalto, y sin embargo un nodo nella gola se convierte en el protagonista del momento. Es igualmente válido,tanto para el nudo como para el protagonismo, un los colores olvidados. Pero atención, que no se nos ocurra dejar de lado los trazos sin un final bien definido, aunque alla fine se dejen encontrar en una imagen entera para nuestras retinas.

Sé que si cualquiera de estas verdades me acariciara la espalda mi piel temblaría, y si sus significados se convirtieran en palabras con sentido, posiblemente, aquellas verdades me llevarían lejos de este ahogo. Sé bien que a medida que cada palabra o cada silencio avanza en su propósito, el de des-a-nudarme, mi estómago se vacía y mi corazón decide echar a correr la maratón de este 2010.

martes, 6 de abril de 2010

Give me five

Éramos cinco estrellas. Encendidas cada una de forma individual, con luz propia, pero, a la vez, dependientes de lo que hiciera la una, y la otra. Iluminábamos el tránsito de aquellos que quedaban en el camino; sordos; mudos, por haberse tragado la lengua nada más saltar. Recuerdo que alguno de ellos, después de encontrarse, se había perdido; y otros, simplemente, nunca habían llegado a saberse tan sumamente vivos. Ése era nuestro objetivo, el de guiar a los pequeños, a los hambrientos de besos, de caricias; a los que, con el vaso medio lleno, afirmaban no tener ilusión por seguir tragando saliva. Descubrimos que, aunque sus cuerpos siguieran danzando entre sonrisas, entre aplausos y más aplausos, sus almas quedaban en lo más temido de la palabra: el silencio. Nos asustaba pensar que todas esas vidas pudiesen depender de cómo echáramos a arder, ya que, perdidos en un no se sabe dónde, seguirían cada uno de nuestros pasos, con miedo, pero continuarían caminando. Teníamos sus futuras alegrías en nuestras manos, y eso, queráis que no, es una gran responsabilidad. Por este motivo, y por algún otro que por ahora no revelaré, decidimos dejar de ser estrellas para volver a ser cinco hombres de a pie. Hemos vuelto a nuestra historia particular, aunque, tranquilos, no se preocupen, seguimos en contacto de vez en cuando, por si algún transeúnte suplica un transplante de corazón