Si supiera cómo hacerte sonreir, ten por seguro que lo haría, aunque me cortara con las espinas de tu tallo, verde y fino, aunque tu olor se convirtiera para mí en el más dañino de los vicios. Aunque el hundimiento de la tierra estuviera a cinco minutos de este momento, me lanzaría a tu alma, en busca de algún truco de magia que pudiese arrancar de ti esa sonrisa, ésa.
...Caminábamos, pero tú tenías que irte, y fue en ese momento cuando un ‘te quiero’ se escapó de entre mis labios. No se cómo ocurrió, lo único que sé es que pasó, y no sabes de qué manera. Sentí que volaba, que mi cuerpo vencía las leyes de la gravedad, aun abrazada por tus dedos, por tus manos, por tus brazos. – Ven conmigo a disfrutar de estas maravillosas luciérnagas, ven conmigo- Te repetía en silencio. Un silencio que gritaba tu nombre, tu ayuda, tu paciencia...
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