martes, 10 de febrero de 2009

Nuestro mundo


Anoche pude hacer lo que quise contigo, porque eras mía, y yo, la verdad, tan tuyo que no he dejado de pensar en tu lunar desde aquel día; tan tuyo que el frío lograba calentar cada uno de mis huesos de cristal. Y ahora que me paro a pensar en mí y en mi circunstancia afirmo que a veces camino sin corazón; y que soy realmente afortunado por pensar simplemente en lo que ha sido, en lo que podría haber sido y en lo que tristemente fue. Pero sonreí más de una vez, y más de dos... y más de infinito si se puede. Y lo hice de tal manera que ahora no se hacer otra cosa. Sin embargo quiero llorar, de verdad que quiero, pero mis lágrimas, si es que salen, amanecen en forma de confeti y fuegos artificiales.

Tus acercamientos, tus miradas, tus sonrisas... ya me sé todo eso, ¿por qué me sorprende que me mires, que me sonrías, que te acerques a mí? Si yo ya me lo sé todo.

Salíamos de la mano, y en uno de aquellos aspavientos le dije que si tenía que elegir entre soñarla o tenerla preferiría quedarme con ella en forma de ilusión, porque, después de aguardar un rato en silencio descansando en sus ojos, llegué a la conclusión de que lo que se posee te suelta de la mano tarde o temprano, y que yo a ella la querría para siempre. Por ello, como los sueños una vez que nacen, si los apuntas rápidamente en una hoja de papel, permanecen, decidí que me quedaría con ellos. El problema está en el después... Pero las adivinanzas e intuiciones no son lo mío, por lo que me conformaré con esto que sé en estos momentos: sé que ya está decidido, abandono tu presencia tangible como lo hice aquella vez, y me quedo con aquélla que yo inventé, ésa de quien yo tanto me enamoré. Y de esta manera, echando mano de la imaginación y del deseo puedo afirmar sin duda alguna que soñarte, para mí, significa tenerte para siempre.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Algún día tendrá que pasar.

Anónimo dijo...

Jo...

tal cual querida mía...

TAL CUAL