Avanzábamos hacia lo inevitable, hacia aquello que haría arder mis mejillas y enfermar mi corazón. Parecíamos dos imanes destinados a caer en aquel agujero que divisábamos muertos de miedo, pero, para mi sorpresa, logramos sobrevivir, llegar sanos y a salvo a casa -¿a salvo? ¿estás segura de lo que acabas de decir?- Eso fue lo que pensé cuando introduje la llave en la cerradura de la puerta principal, sin embargo ahora que me paro a pensar, cuando puedo echar mano de cada segundo ya vivido, no estoy segura de seguir viva, porque no noto que la respiración viaje por mi cuerpo, ni siquiera escucho el latir de mi corazón, cómo corre cuando pienso en ti y mis labios, sedientos, quieren poseerte...
Pienso en el ayer, en donde cada silencio suponía un abismo, una puerta entreabierta que conducía a una certeza innegable- ¿acaso algo así, algo tan verdadero puede ser puesto en duda?- Sin embargo no me atreví a avanzar hacia lo absurdo, porque tal incoherencia, a sus ojos, no tendría siquiera pies ni cabeza: tengo la sensación... No, mejor aun, tengo conmigo la convicción de que algo en mí quiere salir, escapar de mis labios y adentrarse en lo más profundo de tu alma.
jueves, 12 de febrero de 2009
Sonrie
Si supiera cómo hacerte sonreir, ten por seguro que lo haría, aunque me cortara con las espinas de tu tallo, verde y fino, aunque tu olor se convirtiera para mí en el más dañino de los vicios. Aunque el hundimiento de la tierra estuviera a cinco minutos de este momento, me lanzaría a tu alma, en busca de algún truco de magia que pudiese arrancar de ti esa sonrisa, ésa.
...Caminábamos, pero tú tenías que irte, y fue en ese momento cuando un ‘te quiero’ se escapó de entre mis labios. No se cómo ocurrió, lo único que sé es que pasó, y no sabes de qué manera. Sentí que volaba, que mi cuerpo vencía las leyes de la gravedad, aun abrazada por tus dedos, por tus manos, por tus brazos. – Ven conmigo a disfrutar de estas maravillosas luciérnagas, ven conmigo- Te repetía en silencio. Un silencio que gritaba tu nombre, tu ayuda, tu paciencia...
...Caminábamos, pero tú tenías que irte, y fue en ese momento cuando un ‘te quiero’ se escapó de entre mis labios. No se cómo ocurrió, lo único que sé es que pasó, y no sabes de qué manera. Sentí que volaba, que mi cuerpo vencía las leyes de la gravedad, aun abrazada por tus dedos, por tus manos, por tus brazos. – Ven conmigo a disfrutar de estas maravillosas luciérnagas, ven conmigo- Te repetía en silencio. Un silencio que gritaba tu nombre, tu ayuda, tu paciencia...
martes, 10 de febrero de 2009
Nuestro mundo

Anoche pude hacer lo que quise contigo, porque eras mía, y yo, la verdad, tan tuyo que no he dejado de pensar en tu lunar desde aquel día; tan tuyo que el frío lograba calentar cada uno de mis huesos de cristal. Y ahora que me paro a pensar en mí y en mi circunstancia afirmo que a veces camino sin corazón; y que soy realmente afortunado por pensar simplemente en lo que ha sido, en lo que podría haber sido y en lo que tristemente fue. Pero sonreí más de una vez, y más de dos... y más de infinito si se puede. Y lo hice de tal manera que ahora no se hacer otra cosa. Sin embargo quiero llorar, de verdad que quiero, pero mis lágrimas, si es que salen, amanecen en forma de confeti y fuegos artificiales.
Tus acercamientos, tus miradas, tus sonrisas... ya me sé todo eso, ¿por qué me sorprende que me mires, que me sonrías, que te acerques a mí? Si yo ya me lo sé todo.
Tus acercamientos, tus miradas, tus sonrisas... ya me sé todo eso, ¿por qué me sorprende que me mires, que me sonrías, que te acerques a mí? Si yo ya me lo sé todo.
Salíamos de la mano, y en uno de aquellos aspavientos le dije que si tenía que elegir entre soñarla o tenerla preferiría quedarme con ella en forma de ilusión, porque, después de aguardar un rato en silencio descansando en sus ojos, llegué a la conclusión de que lo que se posee te suelta de la mano tarde o temprano, y que yo a ella la querría para siempre. Por ello, como los sueños una vez que nacen, si los apuntas rápidamente en una hoja de papel, permanecen, decidí que me quedaría con ellos. El problema está en el después... Pero las adivinanzas e intuiciones no son lo mío, por lo que me conformaré con esto que sé en estos momentos: sé que ya está decidido, abandono tu presencia tangible como lo hice aquella vez, y me quedo con aquélla que yo inventé, ésa de quien yo tanto me enamoré. Y de esta manera, echando mano de la imaginación y del deseo puedo afirmar sin duda alguna que soñarte, para mí, significa tenerte para siempre.
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