Una noche vino llorando canciones
y versos
y dudas,
sin que ellos mismos quisieran salir a la luz
Supongamos que una noche decides quedarte de pie con la intención de hacer el menor ruido posible. Observas con las manos atadas a la espalda y sin que nadie pueda escuchar el frotar que hacen las plantas de tus pies contra el suelo. Has elegido susurrar. Procura no llamar la atención. Respiras tranquilamente y esperas que momentos como aquellos se queden esperándote bajo la almohada, para, una vez llegado tu momento, poder gritar en silencio. Crees escuchar un beso a unos veinte metros de donde está tu vientre, sin tu sombra y en la oscuridad más absoluta, e intentas afinar el oído, por si se vuelve a repetir, y de esta manera, dentro de unos cincuenta suspiros, puedas decir hace tiempo escuché su beso. Sigues sin moverte, aunque si por ti fuera, si pudieras bañarte en ojalás y todo esto fuera un sueño difrazado de realidad, uno de ellos sería un «ojalá pudiera o pudiese medir el metro que nos separa con los dedos de una mano». Aún así, la parálisis se vuelve a tu favor y empiezas a jugar con las ideas y pensamientos que retozan como si de niños se tratasen; van de aquí para allá, moviendo las muebles y ordenando los armarios de tu yo más humano, y lo único que pretendes en estos momentos es continuar con el voto de silencio, para escucharte, y sentir que no necesitas nada de lo que pueda decirte el mañana que sucede a esta oscuridad. Ojalá volumen II quedasen en penumbra todos y cada uno de los sentimientos que has elegido cursar. Ojalá a la 3º va la vencida apruebes sin problema, y puedas salir de esta inmovilidad que te tiene atado de pies y corazón.
Dos mil trescientos cincuenta y cuatro silencios después apareciste entre los abrazos de aquélla. Ésa con vaqueros y zapatos marrones. Sí, ésa que en este preciso instante -2:04 de un día par- está clavando en ti seis de sus seis puñales. Te diste cuenta de todo esto cuando decidiste dejar de susurrar y quisiste que el color se hiciera con todas aquellas sombras, cuando tus manos eligieron la opción de pintar con acuarela unos ojos en tus párpados mojados. Sé bien que no te concentraste en aquel abrazo que os envolvió mientras soñabas con una despedida eterna, sino que te quedaste pensando en el paso siguiente que pasaría de potencia a acto cuando fueras consciente de que hay suposiciones que acaban pisando la realidad.
martes, 28 de septiembre de 2010
viernes, 3 de septiembre de 2010
Arrivederci amore mio
Puntos suspensivos deslizándose por su garganta,
que atan de pies y manos a todo aquél que
ve cómo amanecen, cómo se resisten al cambio,
cómo deciden hacer oídos sordos
a todas aquellas súplicas del tipo
háblame, estoy aquí, ¿no me ves?
Que se organicen entierros por cada suspiro inacabado,
por cada punto y seguido disfrazado de punto y final,
por ese extender, ese hacer que algo camine sin piernas,
sin pies, sin corazón, y que aparente ser un homínido más.
Admito que es difícil salir de ese estado,
del dame la mano, esperanza,
cuando hasta sus pestañas creías únicas,
aunque los oídos piiiii nada más saberte en oscuridad.
Pero también os digo que es inútil
seguir un camino de tan sólo espinas,
sin pétalos, sin ese aroma,
sirviéndote de pobres recuerdos.
Has de amanecer desnuda, con la Espera,
esta vez, esta vez sí agarrada de pies y manos,
para crear aquel juego de palabras
no, es manzana,
y dejar que aquellos silencios
ruines,
viciosos,
se conviertan
en un gritar a los cuatro vientos.
que atan de pies y manos a todo aquél que
ve cómo amanecen, cómo se resisten al cambio,
cómo deciden hacer oídos sordos
a todas aquellas súplicas del tipo
háblame, estoy aquí, ¿no me ves?
Que se organicen entierros por cada suspiro inacabado,
por cada punto y seguido disfrazado de punto y final,
por ese extender, ese hacer que algo camine sin piernas,
sin pies, sin corazón, y que aparente ser un homínido más.
Admito que es difícil salir de ese estado,
del dame la mano, esperanza,
cuando hasta sus pestañas creías únicas,
aunque los oídos piiiii nada más saberte en oscuridad.
Pero también os digo que es inútil
seguir un camino de tan sólo espinas,
sin pétalos, sin ese aroma,
sirviéndote de pobres recuerdos.
Has de amanecer desnuda, con la Espera,
esta vez, esta vez sí agarrada de pies y manos,
para crear aquel juego de palabras
no, es manzana,
y dejar que aquellos silencios
ruines,
viciosos,
se conviertan
en un gritar a los cuatro vientos.
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