El problema está en que nunca supo, nunca ha sabido y nunca sabrá si le quiso algún día. Esos días.
"Cuando sus manos correteaban por mi cuello y sus labios susurraban historias que recorreríamos entrelazada."
Paso. Visto lo visto, y sin más dilación, considero inoportuno que siga preguntándose por qué esa nariz, ese lunar, esos ojos han dejado de quererla hace ya más de un año.
sábado, 27 de febrero de 2010
miércoles, 17 de febrero de 2010
A veces no queda otra para que no te descubran
Contar historias a través de palabras secretas es lo que mejor se me da, y por eso, si me pusiera ahora mismo a escribir un relato, un epitafio, una novela, empezaría con las palomas vuelan, pisan tierra y renacen de nuevo. Y terminaría diciendo que Quiero creer que si ellas han podido y pueden, nosotros también conseguiremos hacernos con todo esto.
Palomas...
Palomas...
jueves, 11 de febrero de 2010
Sin un Nosotros.
Yo río
Tú ríes
Él/ella ríe
Vosotros/as reís
Ellos/ellas ríen
Yo pregunto
Tú preguntas
Él/Ella pregunta
Vosotros/as preguntáis
Ellos/ellas preguntan
Yo quiero
Tú quieres
Él/ella quiere
Vosotros/as queréis
Ellos/as quieren
... E così via
martes, 9 de febrero de 2010
Ojos que no ven, corazón que no siente.
Era octubre, y las hojas de los árboles comenzaban a temblar. Pensé, al igual que ellas, que era hora de abandonar, y dejé que mi dependencia jugara con el viento. Me soltó sin darme cuenta. Como cuando no has contado las galletas que quedan en tu caja de desayuno y una tarde, a eso de las 17:56, descubres que no te queda ninguna para aguantar la merienda, o el siguiente desayuno, experiencia aún peor. De esta manera, una mañana, me descubrí bailando entre las flores y sus tallos sin espinas, con una suave brisa en lo alto de una cima, allí, donde nace la libertad. Es así, quiero creer, como ocurren estas cosas. Por desgracia o todo lo contrario, dando gracias a Dios, uno no es consciente del proceso, de lo que conlleva una pérdida hasta que los recuerdos no se escurren por sus piernas, de su cabeza hasta la punta de alguna parte de su cuerpo, y echa de menos hasta el más sutil de los suspiros. Piensa entonces en el comienzo de todo lo ocurrido, desde el primer minuto en el que sus vidas comenzaron a tejer un sentido conjunto hasta, pasando por algunas desilusiones y sus respectivos hágame el favor de poner de nuevo esa maldita venda en mis ojos, la sensación del, a veces imperceptible, frotar de los dedos cuando se sueltan de la mano que los sujetaba -a veces no queda otra que hablar en pasado- . Y es en esos momentos, una primera persona del singular, cuando me pregunto si unas manos que cuando quiero que acaricien, acarician en silencio, leen mis desesperadas llamadas de atención y gritan de lo que quiera que griten las manos.
Es todo tan simple como ojos que no -la le li lo lu- ven, de repente, un corazón ha dejado de funcionar.
Es todo tan simple como ojos que no -la le li lo lu- ven, de repente, un corazón ha dejado de funcionar.
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