martes, 7 de abril de 2009

No está mal leer de vez en cuando

Cállate, cállate, porque yo estuve enamorada. Enamorada porque cuando te miraba no sentía la necesidad de mirar a otro lado ¿Para qué si tenía la tuya junto a la mía?, porque cuando te besaba, ¿quién podía separarme de tus labios?, y porque tu olor, cuando olía lo que tu cuerpo desprendía, recuperaba el aliento, la voz y la pasión. Cuando tu olor llegaba a mi espalda ya no había más olores en donde nosotros, tú y yo, pudiésemos estar. Y es verdad que ya no te pienso nada más levantarme, pero sí que lo hago cuando la noche está encima de mí, cuando el edredón que cubre mis sueños y desventuras está arrugado, tendido sobre el colchón que enmudece el mundo en el que vivo, el que despeja el cielo nuboso que cubre los atardeceres de invierno, el que me enseña que querer es poder.Me gusta leerte en voz alta, porque sé que, aunque sean cuarenta minutos los que separan nuestras cálidas almas, tú me oyes y me escuchas ¿Imaginas estar tumbados, ahora, en esta misma alfombra? Una alfombra mágica en la que nada más montarnos fuesemos a un lugar de ensueño. Qué idílico sería todo eso...

...Y es posible

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