Ganas
Aquéllas que caminan cuando una sonrisa amanece en su rostro
o cuando, lentamente, su cuerpo escurre su piel sobre el mío
y los dos nos vemos envueltos por un gemido insostenible,
que acaba en silencio para el resto.
Ganas que conocen mi temperamento,
y la forma que hacen mis manos cuando se alejan de las suyas,
y se adhieren a lo único que sostiene su aliento: las palabras.
Unas esposas que suenan con un nombre,
y que se encienden nada más encontrar su inicial en palabras de otros,
o en las mías propias,
ya que muchas veces se me escapan entre ideas
que, en principio, nada tienen que ver,
pero que encuentran su sentido en cuanto saco a paseo la imaginación.
Ganas que aumentan en tamaño nada más ser conscientes
de que, tras la puerta principal, quedan otras, y al menos dos grandes ventanales
que atravesar para llegar a esa plenitud del alma.
Mantengo esta fuerza de la que hablo
para sobrevivir los días que me impiden volar sobre sus sábanas,
ya que imaginando la belleza de sus labios
puedo resistir hasta que nuestro encuentro sea inevitable.
sábado, 17 de octubre de 2009
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